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NeuroCoaching y NeuroLiderazgo para Organizaciones

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Una de las preguntas que los directivos de cualquier organización se hacen a diario, con el objetivo de resolver los continuos desafíos que deben  afrontar, tiene que ver con la verdadera razón que provoca los desvíos entre los resultados que se planean conseguir y los que, a la postre, realmente se consiguen.

Para poder comprender estos desvíos y lograr cerrar la brecha y, aún mejor, optimizar los resultados, es imprescindible conocer realmente qué es lo que provoca ese continuo desfasaje entre lo planeado y lo alcanzado. Y hoy sabemos que esto no puede ser atribuido solamente al continuo cambio tecnológico, o a las diferentes demandas de los múltiples sectores que interactúan con nuestra área (tanto internos, pertenecientes a nuestra organización, cuanto externos, que de alguna u otra manera utilizan nuestros servicios), por dar algunos ejemplos.

Sabemos hoy que en las organizaciones, el 90% de los problemas no resueltos no son racionales. Son emocionales. Y aquí reside el problema: Al menos el 90% de todas las inversiones que realizan las organizaciones para su crecimiento, mejora y evolución se centran estrictamente en el lado racional de la actividad. De alguna manera, continúa aún hoy, la idea de que la empresa u organización, sea ésta privada o pública, es una ciencia fría.

Entonces tratamos de compartimentar el lado emocional y “encajonarlo” como: falta de motivación, desenfoque, falta de interés, estrés o simplemente, desidia. Y, aunque sabemos que seguir enfocando el tema sobre lo que “nos falta” no resuelve la situación y más aún la empeora, el verdadero motivo del desajuste pasa, por lo general, inadvertido.

Otro de los “consejos” que se exponen en el medio organizacional es el que reza «trabaje más inteligentemente, no más duro»; pero la realidad es que cada uno de nosotros ya está haciendo lo mejor que sabemos.  Podemos pensar que «deberíamos» ser capaces de hacer fácilmente los cambios, pero esto simplemente no es cierto. Nuestro presente está formado por nuestros hábitos personales e interpersonales, que  determinan, en gran medida, nuestras opciones, decisiones y resultados, cada día.

Esto es así porque la empresa u organización, es un proceso lógico dirigido, administrado y operado por seres emocionales, que son los que consiguen, o no, los resultados. Y no existe organización cuando las personas no la están liderando, administrando u operando. Es así de simple. Y así de complejo.   El “software” (el grupo humano), hablando en términos informáticos, siempre es más complejo de entender y, en su caso, de modificar, que el “hardware” (lo tecnológico). Las interacciones humanas son mucho más complejas de manejar que los números y las ganancias y pérdidas o resultados que deseamos conseguir.

Como ya todos sabemos, el fenómeno del cambio permanente en estos tiempos genera, en cada individuo y en todas las organizaciones de las que forma parte, una incertidumbre difícil de manejar, con los conocimientos, las habilidades y la adaptación que había logrado hasta no hace mucho.

Esta aceleración obliga a “re-pensarse”.

A evaluar si es que, siguiendo por el mismo camino, se logrará algo diferente.

Hoy sabemos que no. Que seguir pensando, sintiendo, decidiendo y accionando como lo veníamos haciendo, ya no tiene los mismos resultados. Y esto nos hace ser menos eficientes, nos estresa de forma continua y nos sume en un descontento cada vez más profundo.

Una de las preguntas que podemos hacernos es: ¿Por qué nos ocurre esto?

Para esta pregunta hay varias respuestas ya descubiertas por diferentes ciencias, que nos permiten estudiar la situación y, lo mejor de todo, encontrar soluciones a los desafíos con que se enfrentan las organizaciones y las personas que las conforman.

Las llamadas “Neurociencias” han hecho el aporte más extraordinario en los últimos años, para lograr comprender nuestro complejo mundo interno y dar respuestas eficaces a los retos que vivimos hoy como seres humanos, integrantes de esta sociedad del siglo XXI.

Sobre esta mirada, avalada científicamente, se basa el Entrenamiento que desarrollamos en las organizaciones, que reporta beneficios tanto para los  directivos cuanto para sus equipos de trabajo; en los diferentes parámetros a tomar en cuenta: Productividad, Clima laboral, Atención al Cliente (interno y externo), Comunicación Efectiva, Manejo y resolución de conflictos; lo que permite lograr Metas, Objetivos y Resultados a corto, mediano y largo plazo.

La aplicación de las “Neurociencias” a las actividades de conducción de organizaciones y equipos de trabajo involucra un salto cuántico que comenzó a gestarse durante los años noventa, durante la llamada “década del cerebro”.

Esta evolución está permitiendo acceder a un campo de conocimientos y metodologías de enormes posibilidades de aplicación prácticamente a todos los campos en los que se desenvuelve la actividad organizacional: liderazgo, management, desarrollo del área comercial, ventas, selección y abordaje de mercados, capacitación y formación de personas, climas laborales sanos, innovación, fomento de la creatividad, mejor toma de decisiones, manejo del distrés, mejora en la calidad de los servicios, entre otras.

Nuestro equipo:

                                                                                Marcelo Figueredo                                                    Graciela Tálamo

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